sábado, 15 de mayo de 2010

La educación en positivo

Itxaso Valdajos

Licenciada en magisterio Educación Infantil (UPV).
Master en educación y asesoría familiar
Profesora del Colegio Erain-Txiki

El objetivo final en la educación de un niño consiste en que termine por encauzar su vida por sí mismo. Una buena estrategia para conseguirlo, consiste en reforzar las buenas actitudes, es decir, alabar la parte positiva del comportamiento del niño en vez de recriminarle todo el día sus malas acciones.

Los niños necesitan saber que nosotros, tanto padres como profesores, estamos satisfechos con ellos. Es su gran triunfo y recompensa.

Con esta actitud conseguiremos que el niño por ejemplo sea generoso, en vez de estar recalcándole todo el día lo “egoísta” que es. Si alabamos a un niño cuando hace bien las cosas, se sentirá estimulado para continuar su buen comportamiento, se sentirá feliz y lleno de satisfacción. Si el niño nota que sus padres y/o profesores están contentos cuando obedece, en su subconsciente rechazará la actitud de la desobediencia.

Es preferible emplear más tiempo en alabar los buenos comportamientos en los niños que castigar sus malas acciones.

Pero, ¿qué podemos hacer nosotros, padres y profesores para contribuir a mejorar el comportamiento y actitud de nuestros niños? Adoptar actitudes positivas, por ejemplo:

Sonreírles a menudo y contagiarles nuestro buen humor. Para ello dejaremos el cansancio acumulado o nuestros problemas fuera de la clase o de casa.

Procurar ver el aspecto positivo de las cosas.

Cuando no podamos más contar hasta diez.

No ver problemas donde no los hay.

Ir por delante de ellos dándoles ejemplo. No podemos exigir a un niño que haga lo que nosotros no somos capaces de hacer.

Explicarles las cosas en el momento oportuno.

No caer en la tentación de pensar que los niños son demasiado pequeños para entender las cosas. Ellos entienden más de lo que imaginamos. A los niños hay que enseñarles a escuchar.

Sin amenazarles, ya que no siempre cumplimos esas amenazas. Los niños no nos tomarán en serio y perderemos toda credibilidad.


martes, 4 de mayo de 2010

DECÁLOGO PARA CREAR UN DELINCUENTE

Decálogo para hacer de su hijo un delincuente


El popular juez de menores de Granada, Emilio Calatayud, conocido por sus sentencias educativas y orientadoras, ha publicado un libro "Reflexiones de un juez de menores" (Dauro) en el que inserta un "Decálogo para formar un delincuente ". Es muy interesante. Dice así:


1: Comience desde la infancia dando a su hijo todo lo que pida. Así crecerá convencido de que el mundo entero le pertenece.


2: No se preocupe por su educación ética o espiritual. Espere a que alcance la mayoría de edad para que pueda decidir libremente.


3: Cuando diga palabrotas, ríaselas. Esto lo animará a hacer cosas más graciosas.


4: No le regañe ni le diga que está mal algo de lo que hace. Podría crearle complejos de culpabilidad.


5: Recoja todo lo que él deja tirado: libros, zapatos, ropa, juguetes. Así se acostumbrará a cargar la responsabilidad sobre los demás.


6: Déjele leer todo lo que caiga en sus manos. Cuide de que sus platos, cubiertos y vasos estén esterilizados, pero no de que su mente se llene de basura.


7: Riña a menudo con su cónyuge en presencia del niño, así a él no le dolerá demasiado el día en que la familia, quizá por su propia conducta, quede destrozada para siempre.


8: Dele todo el dinero que quiera gastar. No vaya a sospechar que para disponer del mismo es necesario trabajar.


9: Satisfaga todos sus deseos, apetitos, comodidades y placeres. El sacrificio y la austeridad podrían producirle frustraciones.


10: Póngase de su parte en cualquier conflicto que tenga con sus profesores y vecinos. Piense que todos ellos tienen prejuicios contra su hijo y que de verdad quieren fastidiarlo.



lunes, 3 de mayo de 2010

COMO MEJORAR LA AUTOESTIMA EN FAMILIA

Diez principios para mejorar la autoestima en la familia escrito por el Dr. D. Aquilino Polaino


Diez ideas potentes para proteger tu familia de la rutina, el individualismo, la ruptura y las frustraciones.Aquilino Polaino es licenciado en medicina y cirugía (Universidad de Granada), diplomado en Psicología Clínica (Universidad Complutense), doctor en medicina (Universidad de Sevilla), licenciado en Filosofía (Universidad de Navarra), profesor de Psiquiatría (Universidad de Extremadura) y catedrático de Psicopatología (Universidad Complutense). Pero es conocido por el gran público como divulgador y consejero en temática familiar y de salud emocional. Estuvo presente en el II Congreso Educación y Familia de la Universidad Católica de Murcia y habló de diez principios básicos que contribuyen a mejorar la estima de los miembros de una familia.

1- Disponibilidad

Consiste en dedicar tiempo (¡que es lo que menos tenemos!) a atender a nuestros hijos y esposo/a. Con los adolescentes, por ejemplo, no vale lo de “este tema ya lo hablaremos el sábado con tranquilidad, cariño”. Para el sábado, tu hija de 13 años ya se ha emborrachado con una amiga y van a hacer lo que se les ocurra, porque el padre estaba deslocalizado, como las empresas. Hay que estar disponible, porque hay problemas que sólo se arreglan en el momento en que el otro se anima a plantearlo y pide ser escuchado. Recordemos que nuestros padres, al morir, sólo nos dejan realmente el tiempo que pasaron con nosotros. Demos tiempo al otro.

2- Comunicación padres-hijos: que los padres hablen menos y escuchen más

En muchas familias, cuando un padre o madre dice “hijo, tenemos que hablar”, el chaval piensa “uy, malo, malo”. ¿Por qué? Porque sabe que los padres cuando dicen “tenemos que hablar” quieren decir “te voy a soltar un discurso por algo tuyo que no me ha gustado”. Esto cambiaría si los padres se hicieran un propósito: dedicar el 75% a escuchar y sólo el 25% a hablar. Escuchar a los hijos (o al cónyuge, a cualquiera) es un esfuerzo activo. Hay que soltar el diario, quitar el volumen de la TV, girar la cabeza hacia quien te habla, mirar a los ojos, expresar atención. Eso es escucha activa, que es la que sirve para mejorar la autoestima de tu familia.

3- Coherencia en los padres y autoexigencia en los hijos

Uno es coherente cuando lo que piensa, siente, dice y hace es una sola y misma cosa. No tiene sentido decirle a los niños desde el sofá: “eh, vosotros, ayudad a mamá a quitar la mesa”. Hay que dar ejemplo primero. Tú, padre, has de quitar la mesa durante 5 días, que te vean. El quinto día dices a tu hijo: “venga, ahora entre los dos”. Y dos días después: “estoy orgulloso de ti, ahora ya has aprendido y ya puedes quitar la mesa tú sólo”. Y él se sentirá orgulloso de quitar la mesa. Así aprenden a autoexigirse, que es mucho mejor que tenerlos vigilados 24 horas al día. Esto es un progenitor potenciador, motivador, animador y protector al mismo tiempo. También pedimos a los niños que estudien pero ¿nos ven a nosotros estudiar, leer revistas de nuestro oficio, ponernos al día en nuestra especialidad? Hemos de poder decir: “mirad, hijos, nosotros también estudiamos”.

4- Tener iniciativa, inquietudes y buen humor, especialmente con el cónyuge

Estos tres factores son útiles para la autoestima familiar. En España el buen humor no suele escasear. Pero la rutina es un enemigo en las relaciones conyugales y con los hijos. El punto clave es que haya creatividad e iniciativa en la vida de pareja y eso se contagiará a toda la familia. Las mejores horas deben ser para compartir con el esposo o esposa.
Ser papá o mamá no debe hacernos olvidar que somos “tú y yo, cariño, nosotros”. Creatividad e iniciativa protegen a la pareja de la rutina. Cuando hay rutina, es fácil que uno de los dos busque la “magia” añorada fuera, en otras relaciones. Por el contrario, si la pareja va bien, los hijos aprenden su “educación sentimental” simplemente viendo cómo se
tratan papá y mamá, viendo que se admiran, se halagan, se alaban, son cómplices. “Cuando sea mayor trataré a mi mujer como papá a mamá”, piensan los niños entusiasmados. Eso les da autoestima.

5- Aceptar nuestras limitaciones, y las de los nuestros

Hay que conocer y aceptar tus limitaciones, las de tu cónyuge, las de tus hijos. Pero es importantísimo no criticar al otro ante la familia, no criticar a tu cónyuge ante los niños, o a un niño ante los hermanos, comparando a un hermano “bueno” con uno “malo”. Eso hace sufrir al hijo y le quita autoestima. Es mejor llevarlo aparte y hablar.

6- Reconocer y reafirmar lo que vale la otra persona

Seamos sinceros: no tiene sentido que andemos llamando “campeón” a nuestro niño que nunca ha ganado nada. Si ha perdido un partido de fútbol, no le llames campeón. Ha de aprender a tolerar la frustración, acompañado, eso sí. También hemos de saber (grandes y pequeños) que somos buenos en unas cosas y no en otras. “Hijo, pareces bueno en A y en B, pero creo que C no es lo tuyo”. Reafirmemos al otro en lo que vale, y se verá a sí mismo como lo que es, una persona
valiosa.


7- Estimular la autonomía personal

Uno se hace bueno a medida que va haciendo cosas buenas. Es importante que lo entiendan los hijos. Lo que se hace es importante: hacer cosas buenas nos hacer buenos a nosotros. Esta idea ayuda a tener autonomía personal, hacer las cosas por nosotros mismos, para mejorar nosotros.

8- Diseñar un proyecto personal

No irás muy lejos si no sabes donde quieres ir. Quedarte quieto no es factible, uno tiende a volver a quedarse atrás. Has de tener un proyecto personal para crecer, y atender y ayudar a discernir y potenciar los proyectos de los tuyos.

9- Tener un nivel de aspiraciones alto, pero realista

Hemos de jugar entre lo posible y lo deseable. Si aspiramos alto, nos valoraremos bien, tendremos autoestima. Pero, ¿es factible? Debemos conjugar un alto nivel de aspiraciones con la realidad de nuestras capacidades y recursos.

10-Elijamos buenos amigos y amigas

El individualismo es el cáncer del s.XXI. Nosotros y nuestros hijos estamos atados a máquinas gratificantes: el DVD, la TV, la videoconsola, Internet… El trabajo en solitario va minando la amistad verdadera. ¡Los amigos comprometen mucho y al individualista no le gustan los compromisos!

Sin embargo, necesitamos más que nunca amigos humanos, personas, grandes y buenos amigos, con los que compartir muchas horas, conversaciones sinceras y cercanas, amistades de verdad, que te apoyen y te conozcan auténticamente, que te acepten con tus fallos y potencien lo mejor en ti. Seleccionar amigos así para ti y para los tuyos es la mejor inversión.

Una familia que trata de seguir estos principio contribuye a mejorar la estima en sus hijos y la autoestima en ellos mismos. Hay finalmente tres ideas más a considerar:

Según Chesterton, lo natural tiende a lo sobrenatural mientras que lo que no se sobrenaturaliza se desnaturaliza. Es cierto. Hemos de entender que la autoestima, el amar y el amarse, es sobrenatural. ¿Has pensado en cómo te ama Dios, en lo grande, lo sobrenatural de Su amor por ti? Piénsalo. Eres muy especial para Él. Cuando vivas este amor, comunícalo a tus hijos.

Buena parte del sufrimiento inútil en el mundo se produce porque en algunas ocasiones en las que deberíamos dedicarnos a pensar, nos ponemos a sentir; y en ocasiones que son para sentir, nos ponemos a pensar. Evitemos este sufrimiento inútil: hay momentos para pensar y momentos para sentir.

Si luchas, puedes perder, pero si no luchas ya estás perdido. Si luchas por tu vida familiar, no estás perdido.


sábado, 1 de mayo de 2010

ENSEÑAR A DORMIR A LOS NIÑOS
Consejos prácticos para los padres
AINOA IBARRONDO
PROFESORA DE EDUCACION INFANTIL
Original para sontushijos


El sueño es una parte esencial de la salud de los hijos. La cantidad de sueño necesaria cambia a medida que el niño crece.


Las alteraciones o los problemas del sueño son muy frecuentes durante la infancia y la niñez, incluidas las dificultades para que los hijos se vayan a dormir, las pesadillas y los temores nocturnos.


Un niño que no descansa lo suficiente, rinde en una proporción considerablemente menor a sus posibilidades, tiene irritabilidad y problemas de conducta.


No hay que olvidar que dormir bien sirve para crecer, asentar la memoria (el sueño permite descansar al cerebro y registrar las informaciones recibidas durante la jornada) y que protege al cuerpo de posibles infecciones.


Generalmente, la hora más apropiada en estas edades (1-6 años) es acostarse en torno a las 20:30/21:00 horas..


¿Cuáles son unos hábitos de sueño saludables?


La cantidad normal de sueño varía según la edad del niño:


* De 1 a 2 años, el niño duerme unas 10 – 12 horas por la noche y unas 3 horas por el día.
* De 3 a 6 años, el niño duerme unas 10 horas de noche y suele suprimir el sueño diurno o la siesta.


Unos consejos para adquirir buenos hábitos de sueño:


* Los niños deben tener un horario establecido para las siestas y para ir a dormir por las noches.
* Se recomienda empezar con un tiempo de relajación: escuchar música suave o leer un libro, 20 ó 30 minutos antes de acostar al niño. (Hay que tener en cuenta que la televisión no debe formar parte de este período de relajación).
* Después del tiempo de relajación, es bueno seguir una rutina para acostar al niño, es decir, cambiarle los pañales, ir al baño, cepillarse los dientes, ponerse el pijama, rezar, etc.
* Es aconsejable establecer un límite para el tiempo de relajación y la rutina, de modo que no se extiendan demasiado y que su hijo sepa qué esperar antes de acostarse.
*Diga buenas noches, apague la luz y salga de la habitación.
*Los objetos que brindan seguridad como por ejemplo, una manta especial o un muñeco de peluche, pueden ser parte de la rutina para ir a dormir.
*Es importante acostar a los niños cuando todavía están despiertos para que aprendan a dormirse solos. Hacer que el niño haga asociaciones positivas hacia el sueño.
* La presencia de los padres no tiene que ser necesaria para que el niño se duerma. Un niño que se duerme solo, podrá dormirse solo con más facilidad si se despierta por la noche.


Cómo reconducir los malos hábitos de sueño adquiridos.


Los niños pueden fácilmente adquirir hábitos a la hora de acostarse que no siempre son saludables. Éstas son algunas sugerencias que podrían resultar útiles cuando un niño se niega a ir a la cama o tiene problemas para permanecer en ella:


* Si el niño llora, hay que hablarle con calma y tranquilizarlo: “estás bien, es hora de ir a dormir”. Luego salimos de la habitación.
* No hay que darle un biberón ni cogerlo en brazos.
* Si el niño continúa llorando, hay que alargar el tiempo entre las visitas a la habitación y no hacer nada excepto hablar con calma y dejar la habitación.
* Si mantenemos esta rutina, el niño se calmará y se dormirá. Hay que tener en cuenta que es posible que puedan transcurrir varias noches hasta que se acostumbre al nuevo plan.
* A veces los niños rompen su rutina de sueño nocturno debido a una enfermedad o un viaje, pero la retoman con rapidez una vez que las cosas vuelven a la normalidad.
* No hay que contribuir a que el niño no pueda dormirse cuando se despierta en mitad de la noche. La presencia en la habitación del niño cada vez que este se despierta, intensifica la necesidad de la presencia del adulto a la hora de volver a dormir. Claro que hay ocasiones en la que la presencia de los padres es necesaria y no debe negarse (cuando esta enfermo, algún malestar,…). Es importante que el niño reciba un mensaje claro y consciente de que la expectativa es que el niño se duerma solo.



Hola a todos,


espero que este blog os ayude día a día en vuestro trabajo con niños de infantil de 0 a 6 años así como en vuestra labor educativa como padres. Espero que los artículos, comentarios, direcciones y demás material sean de vuestro interés. Como padres y profesores conviene estar continuamente formándonos.


Aprovecho para colgar un video que es muy ilustrativo sobre la importancia de nuestro ejemplo como padres y educadores.


http://www.youtube.com/watch?v=aoUh1z4OrM4